Bono el lider de U2 revela que tiene glaucoma desde hace años

Glaucoma.
Recientemente ha sido publicado que el popular cantante Bono, del grupo irlandés U2, padece una enfermedad llama glaucoma. Dicha enfermedad es una de las primeras causas de ceguera en el mundo. En los países occidentales, este devastador efecto sobre la visión está mucho más controlado que en los países en desarrollo gracias a los controles preventivos de salud y a las revisiones oftalmológicas periódicas. El glaucoma crónico (el más frecuente de los múltiples tipos de glaucoma) causa una pérdida de visión lenta, indolora, que comienza por la periferia de nuestro campo de visión y que muy poco a poco va afectando a porciones más centrales de la visión. Esa lentitud y el hecho de que no sea doloroso hace que pase desapercibido por parte del paciente hasta llegar a fases muy avanzadas e irreversibles de enfermedad. Es por ello que a partir de los 45 años (la edad a partir de la cual empieza a ser más frecuente la aparición de esta enfermedad) es necesario llevar a cabo controles periódicos de la salud ocular en el médico oftalmólogo, que incluyan la toma de tensión ocular (principal factor de riesgo de glaucoma) y el examen del fondo de ojo, con especial atención a la cabeza del nervio óptico, que es el lugar donde se produce el principal daño por glaucoma. El glaucoma tiene tratamiento médico mediante colirios, láser y quirúrgico, que aplicamos según el estado, la fase evolutiva y las características de cada paciente.

Tratamiento a tiempo del estrabismo y ojo vago infantil.

Tratamiento a tiempo del estrabismo y ojo vago (ambliopía) en los niños.

El estrabismo (ojos desviados, “bizquera”) y las ametropías (es decir, los defectos de visión que pueden corregirse con gafas) son la principal causa de ambliopía (llamado coloquialmente “ojo vago”). Los niños menores de 6 años son el principal grupo de edad en los que debe hacerse un seguimiento atento, periódico y especializado por un oftalmólogo con experiencia pediátrica. Si los estrabismos y ametropías son tratados a tiempo, en la mayoría de casos lograremos que los niños lleguen a la edad adulta con una visión satisfactoria y simétrica entre ambos ojos. De lo contrario el niño arrastrará esa ambliopía toda su vida. La ambliopía consiste en que el ojo, por la causa que sea (estrabismo, defecto grande de graduación, asimetría entre ambos ojos y un largo etcétera) no llega a desarrollar la capacidad de ver al 100%, es decir, no “aprende a ver”. Me gusta comparar la ambliopía con un motor al que no se le hace bien el rodaje, y queda para siempre poco potente, poco capaz de llevar a cabo su función. Es importante entender que si esa capacidad no se desarrolla antes de los 6 años (hasta incluso los 10 años puede ayudarse parcialmente a ello), el niño, a pesar de usar la gafa o ayuda visual adecuada, o de operarse su estrabismo entonces, no logrará una visión completa nunca.

Suele recomendarse que todos los niños acudan a al menos una revisión oftalmológica entre los 3 y los 5 años para detectar problemas que detectados a tiempo son tratables perfectamente, pero que tardíamente no tienen solución.

Los tratamientos para el ojo vago incluyen diferentes técnicas y procederes, pero siguen siendo las gafas adecuadas y las oclusiones con parche los tratamientos más útiles y necesarios, si bien estos se complementan con procedimientos médicos, quirúrgicos, entrenamiento visual… que ayudan también al tratamiento.

Moscas volantes en la visión

Moscas volantes en la visión

La presencia de miodesopsias, coloquialmente llamadas moscas volantes, bichitos, ramas, madejas, pelusas… en nuestro campo de visión es algo que afecta a numerosísimas personas y que no siempre tiene por qué reflejar ninguna enfermedad. En muchos casos, estas imperfecciones de la visión no son más que pequeñas condensaciones, grumos, irregularidades, depósitos celulares o de proteínas que aparecen flotando en la gelatina que rellena el ojo (el humor vítreo) y que no traducen ninguna enfermedad. Son alteraciones que con el tiempo van apareciendo del mismo modo que en la piel aparecen arrugas, manchitas, o en el pelo canas. Son más visibles en situaciones de alto contraste visual, como mirando a un cielo despejado, sobre una pared blanca, un folio limpio o la pantalla de un ordenador. Pueden fluctuar con el tiempo haciéndose discreta y lentamente mayores o menores.

Sin embargo, estas “moscas volantes” no siempre son inocentes condensaciones sino que pueden traducir la presencia de otro proceso que sí puede amenazar nuestra visión. Pueden deberse a un desprendimiento de vítreo posterior, una vitritis (inflamación de esa gelatina que rellena el ojo, el humor vítreo) o una hemorragia intraocular. De estos tres cuadros, lo más frecuente es que sea un desprendimiento de vítreo posterior, que consiste en que esa gelatina de la que hablábamos deja de estar pegada a las paredes del ojo para quedarse hecha un grumo (por eso aumentan las moscas volantes cuando se produce este proceso) en el centro de la cavidad del ojo. En el momento y durante las 4 a 8 semanas siguientes a producirse ese despegamiento puede darse la circunstancia de que a consecuencia de ello la retina sufra tracciones o “tirones” en puntos en los que el vítreo está más anclado a la retina. Esos tirones suelen percibirse como fogonazos de luz, relámpagos o chispazos, de aparición predominantemente nocturna y asociado a movimientos de la cabeza y del ojo.  Su presencia sí que es un síntoma que nos debe hacer consultar a un médico oftalmólogo sin demora, pues las tracciones pueden dar lugar a desgarros en la retina (del mismo modo que una pegatina puede despegarse de un papel sin romperlo… o haciéndole un desgarrón cuando está muy pegada a ello), que a su vez pueden causar desprendimiento de retina, lo cual es una enfermedad grave que puede llevar a una severa pérdida de visión y que suele precisar tratamiento quirúrgico.

En definitiva, mientras que las pequeñas moscas volantes habituales, sin grandes cambios, no han de inquietarnos especialmente, la presencia de moscas volantes de nueva aparición, especialmente cuando es súbita, y más aún si se acompañan de visión de fogonazos de luz deben hacernos consultar sin demora a un médico oftalmólogo.

¿Tienes la sensación de tener arena en los ojos?

¿Tienes la sensación de tener arena en los ojos?

La sensación de arena en los ojos, o en general la sensación de cuerpo extraño, es un síntoma muy habitual en las consultas de oftalmología. La causa más habitual es la presencia de un ojo seco, es decir, que la lágrima que tenemos es insuficiente para mantener adecuadamente humedecida la superficie ocular. Muchas son las condiciones que predisponen a la sequedad ocular: la menopausia en las mujeres, el trabajo prolongado con pantallas de ordenador, habitar en climas secos, trabajar en lugares climatizados con poca ventilación natural… Por supuesto hay también enfermedades que motivan estos síntomas, como el síndrome de Sjögren y otras enfermedades autoinmunes y de la superficie ocular.

El tratamiento de la sequedad ocular resulta a veces descorazonador para los pacientes pues no siempre es posible lograr una respuesta inmediata y plenamente eficaz a la primera consulta. Solemos ir usando los tratamientos de forma escalonada, comenzando por las lágrimas artificiales más comunes, luego otras más complejas, geles lubricantes, pomadas, para pasar después a otros tratamientos como los inmunosupresores en colirio (como la ciclosporina), el suero autólogo (una especie de lágrima artificial fabricada a base de un extracto de la propia sangre del paciente), el taponamiento de la vía lagrimal excretora (evitando que la poca lágrima disponible se pierda “por el desagüe”), medicamentos estimuladores de la secreción lagrimal (como la pilocarpina oral) y otras soluciones más complejas. A día de hoy estamos en condiciones de ofrecer una solución satisfactoria a la mayoría de pacientes con ojo seco y sensación de arena en los ojos.

Es importante establecer una buena relación médico – paciente, con una buena comunicación y llevar a cabo visitas periódicas para supervisar el estado del ojo, que además suele variar estacionalmente según el ambiente que nos rodea.